-Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé. Francisco, Jornada Unidad Cristiana. Fénix, 23-V-15
Hæc est hora vestra et potestas tenebrarum (Lc.22:53)

miércoles, 10 de junio de 2015

Modernismo: subjetivismo y evolución




Subrayemos las dos palabras clave: subjetivismo y evolución.

Subjetivismo es introducir la libertad en la inteligencia cuando, por el contrario, la nobleza de ésta consiste en someterse a su objeto; consiste en la adecuación o conformidad del sujeto que piensa con el objeto conocido. La inteligencia funciona como una cámara fotográfica, debe reproducir exactamente los rasgos inteligibles de lo real. Su perfección consiste en su fidelidad a lo real. Por esta razón, la verdad se define como la adecuación de la inteligencia con la cosa. La verdad es la cualidad del pensamiento que está conforme con la cosa, es decir, con lo que es. No es la inteligencia quien crea las cosas; son ́estas las que se imponen tal como son a la inteligencia. En consecuencia, la verdad de lo afirmado depende de lo que es: es algo objetivo; y aquel que busca lo verdadero debe renunciar a sí, renunciar a una construcción de su espíritu, renunciar a inventar la verdad.

Al contrario, en el subjetivismo es la razón la que construye la verdad: ¡nos encontramos con la sumisión del objeto al sujeto! El sujeto se vuelve el centro de todas las cosas. Estas no son más lo que son, sino lo que se piensa de ellas. El hombre dispone entonces a su gusto de la verdad: este error se llamará idealismo en su aspecto filosófico, y liberalismo en su aspecto moral, social, político y religioso. Por eso, la verdad será diferente según los individuos y los grupos sociales. La verdad es necesariamente compartida. Nadie puede pretender poseerla exclusivamente y en su totalidad; ella se hace y se busca sin fin. Uno vislumbra cuán contrario es todo esto a Nuestro Señor Jesucristo y a su Iglesia.

Históricamente, esta emancipación del sujeto con relación al objeto (a lo que es) fue realizada por tres personajes. Lutero, en primer lugar, rechaza el magisterio de la Iglesia y no conserva más que la Biblia, al rehusar todo intermediario creado entre el hombre y Dios. Introduce el libre examen a partir de una falsa noción de la inspiración de la Escritura: ¡la inspiración individual! Luego, Descartes, seguido de Kant, sistematiza el subjetivismo: la inteligencia se encierra en sí misma, sólo conoce su propio pensamiento: es el "cogito" de Descartes, son las categorías de Kant. Las cosas mismas son incognoscibles. Finalmente, con Rousseau, emancipado de su objeto y habiendo perdido el sentido común (el recto juicio), el sujeto queda sin defensa frente a la opinión común. El pensamiento del individuo se diluye en la opinión pública, es decir, en lo que todo el mundo o la mayoría piensa; y esta opinión será creada por las técnicas de dinámica de grupos, organizadas por los medios de comunicación que están en las manos de los financieros, de los políticos, de los francmasones, etc.

Por su propio peso, el liberalismo intelectual lleva al totalitarismo del pensamiento. Del rechazo del objeto se pasa a la desaparición del sujeto, maduro entonces para sufrir todas las esclavitudes. El subjetivismo, al exaltar la libertad de pensamiento, desemboca en el aplastamiento del mismo.

La segunda nota del liberalismo intelectual, según hemos señalado, es la evolución. Rechazando la sumisión a lo real, el liberal es arrastrado a rechazar también la esencia inmutable de las cosas. Para el, no hay naturaleza de las cosas, no hay naturaleza humana estable, regida por leyes definitivas, establecidas por el Creador. El hombre vive en una perpetua evolución progresiva; el hombre de hoy, no es el hombre de ayer; se cae en el relativismo. Más aún, el hombre se crea a sí mismo, él es el autor de sus propias leyes, que debe remodelar sin cesar, según la sola ley inflexible del progreso necesario. Es el evolucionismo en todos los ambitos: biológico (Lamarck y Darwin), intelectual (el racionalismo y su mito del progreso sin fin de la razón humana), moral (emancipación de los tabúes), político-religioso (emancipación de las sociedades con respecto a Jesucristo).

La cima del delirio evolucionista es alcanzada con el Padre Teilhard de Chardin (1881-1955) quien afirma, en nombre de una pseudociencia y de una pseudomística, que la materia se transforma en espíritu, lo natural en lo sobrenatural, la humanidad en Cristo: triple confusión de un monismo evolucionista inconciliable con la fe católica. Para la fe, la evolución es la muerte. Se habla de una Iglesia que evoluciona, se busca una fe evolutiva.

"Debe someterse a la Iglesia viviente, a la Iglesia de hoy", me escribían desde Roma en 1976, como si la Iglesia de hoy no debiera ser idéntica a la Iglesia de ayer. Yo les respondo: ¡En esas condiciones, mañana ya no será verdad lo que ustedes dicen hoy! Esas personas no tienen ya noción de la verdad, ni del ser. Son modernistas.


Mons. Marcel Lefebvre: Le destronaron. Capítulo II: El orden natural y el liberalismo
Obras completas, Tomo I, pp. 30-32, Mexico DF: Voz en el desierto, 2002

No hay comentarios: